El pensamiento de este filósofo griego se puede resumir en que el ideal en la vida es la búsqueda del placer y evitar el dolor: de ahí procede el término hedonismo. Aunque este objetivo suene como algo utópico, parece que nuestra sociedad tecnológica está logrando lo que proponía este notable personaje. Más recientemente, el filósofo Mark Fisher (1968-2017) crea el término hedonía depresiva, como “una incapacidad para hacer cualquier otra cosa que no sea perseguir el placer”. Fisher describía cómo esta necesidad de placer inmediato provoca una enorme insatisfacción que acaba en depresión cundo no es posible obtenerlo. Esta inmediatez para alcanzar el bienestar soslaya cualquier clase de esfuerzo o constancia para obtenerlo, como era de general consenso en generaciones pasadas. Aunque parezca una cuestión más sociológica que sanitaria, de hecho este fenómeno afecta gravemente a la salud, ya que sería la causa del aumento de procesos psiquiátricos como la depresión o el consumo de drogas recreativas; en ese contexto de inmediatez sin esfuerzo, se reclama por los pacientes la prescripción de fármacos que les permitan mantener su placentero ritmo de vida, particularmente alimentario. Así, el diabético requiere medicinas para seguir tomando dulces; el hipertenso, para consumir cuanta sal quiera o el artrítico para continuar con deportes de acción. Todos sabemos cuan imprudente y dañina es esta actitud, que no implica a la esfera conductual ni al refuerzo de la voluntad. Sólo se busca mejorar los parámetros analíticos o tratar el dolor, agravando el daño orgánico. Ya se vio que para el tabaquismo, el uso de dosis progresivamente menguantes de nicotina sin otras medidas prolonga la dependencia. Recientemente se han comercializado fármacos antidiabéticos (semaglutida, tirzepatida) que, como efecto colateral, provocan pérdida de peso. Gran alegría para la población con sobrepeso u obesidad (hasta el 60% y 30% respectivamente en España), hasta el punto de que su venta (a veces irregular) como adelgazante ha causado desabastecimientos. Es bien conocido que en la obesidad hay muchos factores causales y en no pocas ocasiones es generada por una sociedad estresante y con nula educación alimentaria. Tratar la obesidad solo mediante la reducción del apetito con fármacos es, como se dice vulgarmente, agarrar el rábano por las hojas. Todo síndrome es multicausal y su atención debe ser multifactorial, atendiendo a la personalidad, nivel hormonal, hábitos, y un largo etc., siempre bajo supervisión médica. Sin olvidar que estos productos tienen efectos secundarios como fallo renal, toxicidad gastrointestinal, alergias y pancreatitis. Es inevitable reflexionar acerca de si se nos conminará a prescribir esta farmacopea sin atender a otras medidas higiénico-dietéticas. En nuestra sociedad, se supone que cada persona posee un marco conceptual mediante el que da sentido a su vida y genera valores y metas. Lo malo es que parece que se promueve como progreso el que no haya ningún marco conceptual y se viva permanentemente en la inmediatez y el relativismo. ¿Una vuelta a la feliz infancia o al infantilismo?
DR. JUAN JOSÉ BRETON GARCIA






