La medicina no es solo ciencia, tecnología o avances diagnósticos. Es, ante todo, una profesión sustentada en valores como el respeto, la humanidad, la prudencia, la responsabilidad y la dignidad, que dan sentido ético a la práctica profesional. Estos principios orientan la actuación de cada profesional y son la base de la confianza que la sociedad deposita en quienes cuidan de su salud. La técnica y el conocimiento científico son imprescindibles, pero no bastan por sí solos: la relación médico‑paciente exige sensibilidad, escucha, empatía y un compromiso profundo con la persona que sufre. Sin estos elementos, la medicina perdería su esencia humanista.
Desde hace 125 años, el Colegio Oficial de Médicos de Cádiz trabaja para preservar esta forma de entender la profesión, centrada en la ética y en el respeto a la persona. A lo largo de su historia, el Colegio ha sido testigo de grandes transformaciones sanitarias, sociales, tecnológicas e incluso arquitectónicas, y en todas ellas ha mantenido un compromiso firme con la defensa de una medicina responsable, prudente y humana. Este compromiso se traduce en la promoción de una atención sanitaria que no solo sea eficaz, sino también respetuosa con la dignidad del paciente, con su autonomía y con sus valores. En un contexto sanitario cada vez más complejo, marcado por la presión asistencial, la burocracia y la incorporación constante de nuevas tecnologías, esta defensa de la ética profesional resulta más necesaria que nunca.
Aunque al Colegio de Médicos de Cádiz siempre le ha preocupado que el ejercicio profesional de sus colegiados se desarrolle con los adecuados estándares éticos y deontológicos, no existe constancia documental de la presencia de un órgano equivalente a las actuales Comisiones de Deontología durante buena parte del siglo pasado. En la segunda mitad del siglo XX, la actividad colegial en esta materia se regía por el Reglamento de la Organización Médica Colegial de 1967. No fue hasta la aprobación de los Estatutos Generales de la Organización Médica Colegial mediante el Real Decreto 1018/1980 cuando las Comisiones de Deontología comenzaron a configurarse como un órgano definido dentro de los estatutos particulares de cada colegio, bajo la denominación de “Comisión de Deontología, Derecho Médico y Visado”. Su consolidación definitiva llegó a finales de los años ochenta y principios de los noventa, coincidiendo con la aprobación del primer Código de Ética y Deontología Médica.






