La medicina como servicio a la persona

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Fuente: ABC de Sevilla 

Si cualquier trabajo es una tarea humana que de ordinario suele resultar gustosa y satisfactoria, ante el trabajo del médico se acentúan esos beneficios porque su finalidad se hace, si cabe, aún más noble.

 MANUEL ÁLVAREZ ROMERO 

Si cualquier trabajo es una tarea humana que de ordinario suele resultar gustosa y satisfactoria ante el trabajo del médico se acentúan esos beneficios porque su finalidad se hace, si cabe, aún más noble: curar el dolor, evitar la muerte, aliviar el sufrimiento, consolar, inspirar confianza, etc. 

Al preguntarnos qué aporta el trabajo a quien lo hace podríamos remontarnos al inicio de la Biblia y leer que Dios creó al hombre -tras crear el mundo- para que lo trabajara. Y desde ahí podemos seguir considerando aspectos de gran brillo y valor. Porque el trabajo es el medio previsto para el logro del propio sustento. 

Nuestro trabajo ayuda a madurar nuestra identidad personal, desarrolla las aptitudes y virtudes que van enriqueciendo nuestras vidas. Y cuando miramos desde la perspectiva del médico, nos encontramos con la clara compensación de la grandeza intrínseca del oficio, con el enriquecimiento en dignidad y con el beneficio moral que este ejercicio aporta a quienes lo llevan a cabo. 

Se buscan médicos de familia para Andalucía. Y ¡parece que hay que traspasar nuestras fronteras hasta encontrarlos! Así se ha venido pregonando en los medios de comunicación durante los meses pasados. Es de todos conocido que la sobrecarga asistencial debida a la pandemia del Covid 19 ha agotado o lesionado a muchos profesionales. Y ciertamente el médico -y especialmente el de Atención Primaria- ha soportado el mayor peso asistencial pandémico. Pero también hemos de recordar la drástica reducción de admisiones en las Facultades de Medicina iniciada hace ya varias décadas. Y, según parece, aún no se ha comenzado a rectificar el presunto error de no haber ampliado el número de nuevos estudiantes de Medicina de nuestras universidades. 

Al hilo de nuestro tema nos surge aquí una importante condición a tener en cuenta, valorar más certeramente la presunta vocación médica de los candidatos a ser médicos. Lógicamente se trataría de reconocer las disposiciones y características relacionadas con el humanismo y la cercanía para con la persona enferma o doliente, tal como se ha venido entendiendo clásicamente. Estas premisas requerirían, sin duda, la valoración de criterios disposicionales y vocacionales de los candidatos y no exclusivamente las de índole curricular académica como ahora sucede. 

Si cualquier tarea profesional enriquece a la sociedad con su aportación, en nuestro caso resulta aún más obvio el gran valor de la Medicina con su especial aporte de humanidad. Es la Medicina Centrada en la Persona. Se trata pues de un quehacer que propicia y exige el uso creciente de las virtudes de servicio: caridad, magnanimidad, cercanía, afecto… De seguro que todos reavivamos esta experiencia propia al ser personalmente asistidos por nuestras enfermedades y dolencias. 

En ‘Vocación, ética y otros ensayos’ el doctor Gregorio Marañón (1887-1960) seleccionaba como preferentes en la profundidad vocacional al médico, al maestro y al sacerdote. Y tras bastantes decenarios de continuado y denso ejercicio profesional no dejamos de encontrar argumentos que corroboren las ideas de este maestro del saber médico universal. Y así destacamos que la verdad, la bondad, la belleza, el amor y la libertad deben contar de modo floreciente en el trabajo de cada día para el buen galeno de todos los tiempos y quizá más en nuestros días. 

Manuel Álvarez Romero es presidente de la sociedad andaluza de medicina psicosomática 

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