Sexta ola COVID: Navidades de entrega y aflicción en la Atención Primaria…

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Mucha entrega, mucha aflicción y demasiados contagios…

Llevamos casi dos años luchando desde aquella primera ola de sorpresa y desolación, sin medios, sin protección, sin saber bien qué hacer frente al COVID.

Desde entonces y hasta esta sexta ola, en Atención primaria nos hemos entregado en cuerpo y alma, nos hemos despojado de nuestra especialidad: la Medicina Familiar y Comunitaria, bien definida y con unas funciones concretas, y nos hemos entregado a una medicina de “guerra”, al son de cada uno de los vaivenes a los que nos ha lanzado el virus, la administración y la sociedad. Somos la línea de infantería, a la que puede llegar la población, asustada y preocupada, es donde las puertas están siempre abiertas, con cita y sin cita, antes o después, y a donde llegan las frustraciones de la población, y ahí estamos luchando.

Intentamos seguir unos protocolos cambiantes y afrontar unos problemas sociales nuevos, de salud, laborales, de gestión y en todos los aspectos que nos demandan.

Estamos vacunando, realizando test diagnósticos, rastreos, telemedicina y atención a demanda, todo nuevo y sin descanso, sin dejar de atender las otras patologías demandadas por los pacientes, y seguimos…

La variante ómicron se extiende a un ritmo vertiginoso, y no perdona a los sanitarios que también caen contagiados, mermando notablemente las plantillas al frente de la Atención Primaria. Con estas plantillas reducidas, se sigue trabajando y tirando hacia adelante al mismo ritmo.

¿Cómo?: los profesionales médicos renunciamos a nuestras vacaciones y a todos los permisos que son necesarios, a veces doblamos guardias, sacrificamos nuestra salud trabajando con desenfreno cubriendo a diferentes compañeros, trabajando con avanzadas gestaciones, dejando atrás a la familia cuando surge un problema a un compañero y salimos al quite para ayudar a la población.

Es un frente incierto, al que no le vemos el final, aunque siempre con esperanza, a veces faltan las fuerzas y acude el desánimo.

No necesitamos que nos lo digan las administraciones para sacrificarnos, no necesitamos aplausos. Necesitamos respeto y ayuda: que se sepa lo que estamos haciendo y lo que estamos sacrificando, que desde los diferentes distritos y administraciones reconozcan este esfuerzo y haya una relación de ayuda.

Que los pacientes no desesperen, porque estamos trabajando para ellos, en un nivel de riesgo inasumible, pero aun así entregados.

Queremos que desde las administraciones se les informe adecuadamente de cuando acudir o no, que deben hacer antes de acudir a las consultas saturadas, que siempre haya información telefónica para ayudar a canalizar estas necesidades, evitando situaciones de desamparo, sobre todo de nuestros mayores.

Que se busquen más alternativas de desburocratización y de gestión para reconducir las patologías no prioritarias pero que no se deben demorar, evitando que se saturen las urgencias, que ayuden a diferenciar los grupos de riesgo y canalizar a otros niveles para evitar pérdidas innecesarias, así como toda aportación que pueda servir de ayuda para salir de esta situación.

Acabado todo esto, confiamos en la vuelta a una normalidad donde sirva lo aprendido. Y hablaremos.

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