Enfrentarnos a lo inesperado. Crónica de una cooperante en el Tchad

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Dra. Carmen Sebastianes Marfil. Vicepresidenta del COMCADIZ y secretaria de la Sección de Cooperación Internacional

El pasado mes de noviembre -entre los días 3 y 21- dos miembros de la Sección de Cooperación Internacional del Colegio de Médicos de Cádiz (COMCADIZ) nos desplazamos al Hospital Le Bon Samaritain en N´Djamena (Tchad) con el amparo de la organización Ayuda Médica a Países en Desarrollo (AMPED). El grupo incluía dos traumatólogos, un anestesista y un ingeniero.

Cada uno de nosotros teníamos un objetivo para ir allí. De los traumatólogos Julio Rodríguez de la Rúa y Jaime Garrido, además de la labor asistencial, el primero de ellos tenía a su cargo una Jornada sobre Patología de Columna, en la que era único ponente, y que se celebró el sábado día 6. A ella acudieron más de cuarenta médicos, entre los que se encontraban los tres neurocirujanos del país. Los demás asistentes eran traumatólogos y médicos interesados en mejorar sus conocimientos sobre esta patología, entre ellos un ex-ministro de Sanidad del Tchad. La jornada fue presentada de forma impecable y el nivel de atención y de interés fue tan alto que el tiempo previsto para la misma se alargó de forma considerable.

El ingeniero, Manuel Pablo, tenía como objetivo conocer los daños que en la estructura hospitalaria había tenido el último desbordamiento del río Chiari y prácticamente en ese fin de semana comprobó los daños e hizo su diagnóstico de los motivos, así como la composición de cómo podrían solucionarse y evitarse nuevos daños ante futuros desbordamientos.

Por mi parte, iba con el objetivo, ya marcado previamente por Julio Rodríguez de la Rúa, gran conocedor del lugar, de ver las posibilidades de crear una Unidad de Reanimación donde atender a pacientes con compromiso hemodinámico -o riesgo del mismo- fueran o no quirúrgicos.

Para ubicar dicha unidad no hubo problema pues en el hospital disponían de una sala que reunía las condiciones necesarias. Dicha sala está localizada en el pabellón quirúrgico entre los quirófanos, la sala de hospitalización y la salida al exterior. De hecho, ya se utiliza con ese objetivo, pero el equipamiento es precario y no es posible llevar a cabo monitorización ni medidas de apoyo básico en situación de compromiso cardio-respiratorio.

Un ‘todoterreno’ de la cirugía

En ese fin de semana tuve la oportunidad de contactar de forma estrecha con personal sanitario del bloque quirúrgico. El único cirujano si exceptuamos a los dos ginecólogos es el Dr. Simón Madengar, que es lo que diríamos aquí un todoterreno ya que hace cualquier tipo de cirugía mayor bien sea de cirugía general, traumatología, urología….

Gracias a la intermediación del Dr. De la Rúa, el Dr. Madengar estuvo hace tres años en el HU Puerta del Mar con objeto de conocer nuevas técnicas quirúrgicas que poder llevar a

cabo en su ejercicio profesional en Le Bon Samaritain. Los encargados de la anestesia son enfermeros, que se manejan muy bien técnicamente y con gran interés por tener nuevos conocimientos de la especialidad.

En Tchad en aquel momento las cifras de enfermos por COVID-19 eran muy bajas. De hecho, unos cooperantes italianos estaban haciendo un estudio para investigar las posibles causas y la mascarilla no era de uso habitual fuera del quirófano.

Todo nos cambió cuando uno de los cooperantes -casi todos éramos españoles- que preparaba su vuelta, al hacerse la PCR de control para poder viajar, a pesar de ser totalmente asintomático, dio positivo, que además se confirmó. En este momento saltó la alarma entre todos los demás que habíamos estado en contacto con él y había que tomar decisiones en cuanto a la población que atendíamos en consultas, en cuanto al personal sanitario o no, que prestaba servicios en Le Bon Samaritain, porque aquella población está sin vacunar debido a la escasez de suministros y las posibilidades de tratamiento en caso de COVID complicado también son muy escasas.

Por supuesto se confinó el cooperante positivo y los demás, tras PCR de control, aunque fueron negativas, decidimos separarnos del personal local y esperar el resultado de nueva PCR a los cinco días. Al cabo de este tiempo y tranquilos por la negatividad de las pruebas, nos reincorporamos a la actividad hospitalaria, cada uno destinado a sus quehaceres.

Durante el confinamiento estuve preparando mi informe sobre las necesidades para montar la nueva Unidad de Reanimación y también preparé presentaciones de clases de Estudio Preoperatorio y de Cuidados Anestésicos para los enfermeros de anestesia. En esos días también pude entender que el apoyo que aporta cada cooperante o voluntario es en sí mismo poca cosa, pero es un eslabón necesario para que la cadena de la Cooperación funcione en los países desfavorecidos.

La atenta cercanía del Dr. Takoudjou

Todo iba estupendamente -informes presentados, clases dadas, consultas y quirófanos a buen ritmo- cuando a los pocos días uno de los compañeros comenzó con ligera traqueítis y algo de fiebre que aumentaba rápidamente. De nuevo PCR, que resulta negativa, pero pruebas para la malaria positivas a pesar de la profilaxis oral con Malarone. Como a pesar del tratamiento específico continuaba con fiebre, a los tres o cuatro días nueva PCR para SARS-COV2 y esta vez se confirma positiva. Noticia dura para él y preocupante para los que permanecíamos asintomáticos. Ya eran dos confinados, uno asintomático pero el otro con mal estado general, sin apetito… De nuevo los demás, aunque éramos negativos, nos separamos del personal local y así fueron pasando días hasta que ya volvimos a casa con la tristeza de dejar allí compañeros, uno asintomático y con buena evolución de su carga viral y el otro algo mejor pero todavía mal.

Siempre digo que nos separamos del personal local pero no es del todo cierto porque en todo momento contamos con la asistencia del Dr. Rodrigue Takoudjou, sacerdote jesuita que pertenece a la plantilla del Hospital Le Bon Samaritain, que estuvo a cargo del diagnóstico y seguimiento de todos nosotros y que de forma muy especial y cercana atendió

a nuestro compañero profundamente enfermo. No solo hacía la visita médica las veces que consideraba oportuno, sino que también se desplazaba fuera del recinto hospitalario para conseguir la medicación no disponible en el centro y organizar el trabajo de los enfermeros, para que se cumplieran los tratamientos que durante varios días fueron por vía intravenosa. La atención que por parte de todos recibimos no solo fue médica, fue de entrega y todo ello con naturalidad acompañada de cariño.

De allí no sé lo que se han traído los más veteranos pero yo, que no lo soy tanto, he aprendido muchas cosas sobre mí misma, en aquello que me gustaría cambiar y creo que me he traído muchos amigos y eso es un tesoro inestimable.

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